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HISTORIA DE LA IGLESIA PRIMITIVA Capítulos 6 y 7

Capítulo 6
Final de la Nación Judía

Año 70

La guerra de los judíos contra Roma 

En el año 66 los judíos inician una rebelión con el Imperio que les llevará a la destrucción final de Judea.  

 

Los cristianos no participan en la guerra, desde antes el Espíritu Santo les ha hecho salir de Jerusalén y emigrar a otras ciudades a cumplir su Gran Comisión, aún valiéndose de la persecución judía. La sede de la Iglesia ya es Antioquía. 

 Los judíos nunca han aceptado el sometimiento. Son Pueblo de Dios. Era imposible vencer al Imperio Romano. Un comparativo hoy, sería como si Puerto Rico pretendiera vencer a Estados Unidos. Desde el principio, fue una guerra suicida. 

El sitio y hambruna en Jerusalén 

69 a 70 

 

Tras el desorden provocado por griegos y judíos, intervienen los romanos para imponer el orden. Pero cuando se supo que el procurador romano había robado dinero del Templo, indignado el hijo del Sumo Sacerdote ordenó atacar a la guarnición romana de Jerusalén. 

Esto dio pie a que los zelotes, grupo revolucionario que por mas de 6 décadas venía pugnando por la independencia, tomara este momento para atacar decididamente a los romanos, lo que se convirtió en una revuelta. De principio mataron a muchos soldados romanos, pero el contraataque fue letal para los judíos, que tuvieron que replegarse tras los muros de Jerusalén.  

 

El sitio duró casi un año. Muy pronto se les acabaron las provisiones. Los rebeldes se apropiaban de todo lo comestible quitando la comida a los débiles. Cuando les sorprendían comiendo un poco de trigo eran capaces de matarlos y abrirles el vientre para sacar los últimos granos. A los pacifistas los tiraban por el muro. 

 

O sea, la población judía tenía enemigos afuera y adentro. Y parecía que los de adentro eran peor que los de afuera. Muchos trataron de salir para ofrecerse de esclavos a los romanos pero eran muertos al ser sorprendidos. El Historiador Josefo relata casos antinaturales que solo en condiciones de extrema desesperación pueden verse. Se cumplió la Palabra de Deuteronomio 28. 

 Caída de Jerusalén y Masada

70–73 

 

Tras años de tensión entre el pueblo judío y Roma, el general Tito, hijo del emperador Vespasiano, sitió Jerusalén en el año 70. Después de un asedio cruel de varios meses, la ciudad fue totalmente destruida: el Templo fue incendiado y arrasado, cumpliéndose así la profecía de Jesús:

“No quedará piedra sobre piedra” (Mateo 24:2).

Miles de judíos murieron de hambre, enfermedad o por la espada romana. Los pocos sobrevivientes fueron vendidos como esclavos o dispersados entre las naciones.


Este evento marcó el fin del sistema religioso judío antiguo y la ruptura definitiva entre el judaísmo y el cristianismo naciente.

Para la Iglesia, la destrucción de Jerusalén confirmó las palabras del Señor y llevó a los creyentes a dispersarse por el Imperio, estableciendo comunidades en Siria, Asia Menor, Egipto y más allá.


Desde ese momento, la fe cristiana se separó del templo y del sacrificio ritual, para centrarse en Cristo como único mediador y sacrificio eterno.

Masada: el último bastión, año 73

Después de la caída de Jerusalén, unos 960 judíos zelotes huyeron a la fortaleza de Masada, en el desierto de Judea, buscando resistir a Roma.


Allí, bajo el liderazgo de Eleazar ben Yair, resistieron durante tres años al asedio del ejército romano, que construyó una rampa gigantesca para alcanzar la cima.

Cuando los romanos finalmente entraron, hallaron una escena impactante:
la mayoría de los defensores se habían quitado la vida para no caer prisioneros.
Solo unas pocas mujeres y niños sobrevivieron ocultos.

Masada se convirtió en símbolo del fin definitivo de la resistencia judía, y en el comienzo de un largo exilio nacional que duraría casi dos mil años.

Significado para la Iglesia Primitiva

Mientras el pueblo judío sufría la dispersión, la Iglesia —ya extendida por las provincias del Imperio— se fortalecía espiritualmente, llevando el mensaje del Reino más allá de Jerusalén.


Lo que parecía una tragedia, Dios lo transformó en una oportunidad para cumplir el mandato de Cristo:

“Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

La Diáspora de los judíos 

Y en cierta forma de los cristianos, ya para entonces fuera de Jerusalén

 

Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 el pueblo judío fue dispersado por todo el Imperio Romano. Esta dispersión se conoce como la Diáspora, palabra griega que significa diseminación o esparcimiento.

 

Miles de judíos fueron llevados cautivos, otros huyeron a regiones vecinas —Egipto, Siria, Asia Menor y Roma—, y sus comunidades se establecieron en casi todas las grandes ciudades del Imperio.

 

Con ello terminó la centralidad de Jerusalén en la vida religiosa judía, y comenzó una nueva etapa en la historia del pueblo de Israel.

 

Efecto en la Iglesia Primitiva

 

Aunque la Diáspora fue trágica para el judaísmo, Dios la usó para el bien del Evangelio.

Los cristianos —que en su mayoría eran de origen judío— también se dispersaron, llevando consigo la fe en Jesucristo a nuevos lugares.

Así se cumplió lo que el Señor había anunciado antes de su ascensión:

 

“Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

 

Lo que parecía persecución y pérdida, se convirtió en una expansión misionera sin precedentes.

De Antioquía, Damasco, Alejandría, Roma y muchas otras ciudades surgieron nuevas comunidades cristianas, unidas por la enseñanza de los apóstoles y la esperanza en Cristo.

 

Transformación Espiritual

La Diáspora también ayudó a la Iglesia a madurar espiritualmente:

  • Ya no dependía del templo ni de un lugar físico, sino del Espíritu Santo como presencia constante de Dios.

  • La adoración se volvió más sencilla y universal, centrada en la Palabra, la oración y la comunión fraternal.

  • Se fortaleció la unidad del cuerpo de Cristo, compuesto por judíos y gentiles, cumpliendo la visión del Reino de Dios extendido a todas las naciones.

 

Conclusión

 

La Diáspora marcó el fin de una era y el comienzo de otra:

Israel fue esparcido entre las naciones, pero la Iglesia fue encendida en todo el mundo.

El fuego del Evangelio se propagó desde las ruinas de Jerusalén hasta los confines del Imperio, y desde allí —a lo largo de los siglos—, hasta nosotros hoy.

Capítulo 7  
Final de la Era Apostólica

Segunda Persecución del Imperio 

Después del año 90. 

 

El emperador Domiciano entre sus pretendidas mejoras al Imperio, está restaurar y fortalecer la religión romana, y los judíos y cristianos son obstáculos en sus planes. Dos mártires conocidos de esta persecución, son Flavio Clemente y su esposa, parientes del emperador, acusados de ateísmo y practicas judías. Esto porque aún no separaban a los judíos de los cristianos, pues por igual ambos no adoraban más que a un solo Dios invisible, por ello también lo de “ateos”.   

Así entonces la persecución no fue solo contra los cristianos, también los judíos padecieron.  

Hubo muchos mártires mas, pero anónimos. Esta persecución, como la de Nerón, fue más fuerte en Roma, en el resto del Imperio fue menos enérgica. El Apóstol Juan fue desterrado a Patmos, lo que significa que no todos los castigos eran la muerte y el tormento, había consideraciones, quizá por su avanzada edad y su gran prestigio.  

Final de

LOS APOSTOLES 

 

Veamos el final del ministerio de los Apóstoles y los principales discípulos, cronológicamente, como lo vemos también en el Mural:  

“Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.” Mateo 10:2-4  

JUDAS Iscariote Caminó con Cristo, con los doce y con los 70, pero le traicionó. Se suicidó en el año 33. 

Esteban Primer mártir, murió apedreado. Probablemente entre los años 37 y 38 

JACOBO Asesinado por Herodes y algunos judíos alrededor del año 40 

FELIPE Trabajó en Asia Superior, fue azotado y crucificado en Heliópolis, Frigia, en el año 54. 

MATEO Trabajó en Partia y Etiopía, donde fue muerto en el año 60. 

MATIAS Quien sustituyó a Judas. Apedreado y decapitado en Jerusalén, entre los años 60 y 67. 

ANDRES El hermano de Pedro en la cruz transversal, entre los años 60 y 67. 

JACOBO (Santiago) Lapidado por instigación de los judíos Saduceos, en el 62. 

PEDRO Según la tradición, murió en Roma, crucificado de cabeza, en el año 67. 

PABLO En su calidad de ciudadano Romano, fue decapitado en el año 67. 

MARCOS fundador y primer obispo de la Iglesia de Alejandría, padeció martirio en el año 68.

JUDAS Tadeo Crucificado en Edesa, en el 72.

BARTOLOME Azotado y crucificado en la India, entre el año 72 a 74. 

TOMÁS Predicó en Partía e India, donde fue atravesado por una lanza, entre el año 72 y 74.

SIMON, el Celote Predicó en África e Inglaterra, donde fue crucificado, en el año 74. 

JUAN El único que no sufrió martirio, murió después del 90. (Algunos dicen que no murió, que fue trasladado, tipo Elías).

Discípulos de Pablo:  Bernabé El amado compañero de Pablo, martirizado en el año 73.

Lucas Colgado de un Olivo en Grecia, por los sacerdotes idólatras, en el año 72-74.

Timoteo Siendo Obispo en Éfeso, se enfrentó a una procesión, y lo mataron a palos en el año 97. 

 

Juan, el último de los apóstoles 

El apóstol Juan fue el último en partir con el Señor. Cuando caminaba con Jesús era muy joven, debía tener alrededor de unos 25 años, por lo que al escribir su Evangelio tendría ya mas de 75 años. Durante la persecución de Domiciano es llevado desterrado a la Isla de Patmos, tendría unos 80 años.

 

En Patmos recibe las Revelaciones, el Apocalipsis.

 

Es liberado y se queda en Éfeso sus últimos años, donde sería un anciano de unos 90 años.  

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