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Historia de la Iglesia Primitiva 
Segundo Período

Bienvenidos al Segundo Período 

LOS MÁRTIRES

 

Propósito 

Dios les bendiga siervos de Dios, tengan un buen día hoy y siempre. En este estudio presentamos la Historia de los primeros cristianos en el período de las 10 persecuciones del Imperio Romano, no solo como un dato histórico, sino como un ejemplo de vivencia cristiana y en cumplimiento de su parte en el Plan de Dios.  

 

Fueron tiempos especialmente difíciles para el cristiano, un cuadro muy lejano hoy, en tiempo y en forma que mucho podría servirnos hoy recordar la Historia, el pasado, para prepararnos para tiempos difíciles que vienen en un futuro ya no muy lejano.  

 

Con lo que estos mártires sufrieron, no solo ganaron su propia corona, el máximo galardón para un cristiano, sino que a precio de sangre conquistaron una “cabeza de playa” en el reino de las Tinieblas para establecer el Reino de Dios. Como en Hebreos 11: ellos no alcanzaron a ver la promesa de restauración total del Reino, pero invirtieron su vida, para que los cristianos del final de los Tiempos Finales, podamos verla, y el Plan de Dios se cumpla cabalmente. 

Una vista a la Iglesia Primitiva. 

 

Veamos un poco de la forma de vida de la Iglesia en los primeros 280 años. La liturgia cambió muy poco, aunque las circunstancias y el crecimiento provocaron cambios en lo externo.

 

Es el formato de Iglesia dejada por los apóstoles, ligeramente modificada por los siguientes líderes. 


- Las cosas se compartían en común. Hechos 2:44 

- La Iglesia sostenía a las viudas. 

- La reunión era en casas. El aposento alto era el comedor, donde había mas espacio. 

- En la reunión del primer día de la semana se “partía el pan” recordando la muerte del Señor. 

- Era una celebración por la resurrección, “con alegría y sencillez de corazón”. Era una fiesta.  

- En el primer día de la semana, el día de la resurrección, el día del Señor, aunque coincidía con el Día del Sol.  

 - El centro de la ceremonia era una comida, donde cada quien llevaba lo que podía, con oraciones y cantos al final. Más tarde se quitó la comida, por las persecuciones.  

- El “culto” se dividía en dos:  

         - Lectura y comentario de las Escrituras; oraciones y canto de himnos, invocando la acción del Espíritu Santo.  

         - Al final, la comunión, partiendo el pan, lo comían y se despedían con la bendición.  

- La Santa Cena era cada domingo. El vino era vino. 

Solo participaban los que ya habían sido bautizados. Los no bautizados podían participar de la primera parte, pero tenían que salir antes del inicio de la segunda. Cristo en la cena solo estuvo con sus discípulos más cercanos. 

7 Elementos del bautismo: 

 

 Cuando el creyente ya estaba listo para ser bautizado, ayunaba viernes y sábado, y el domingo por la mañana se le bautizaba, por inmersión, sin ropa, separados hombres y mujeres, esto significa morir al pecado, volver a nacer. Cuando no había agua corriente, se le rociaba la cabeza tres veces. Es el Triple rociamiento.  

 1º Al salir se le daba una vestidura blanca, sin mancha, en señal de su nueva vida en Cristo, porque pasan a formar parte de La Novia. 

 2º Se le daba a beber agua, simbolizando que estaba limpio por fuera y por dentro. Agua significa limpieza.  

 3º Se le ungía con aceite, porque ahora venía a formar parte del Real Sacerdocio. Aceite significa Unción.  

4º y 5º Se le daba leche y miel, porque había entrado a la Tierra Prometida. Leche y miel = Vida abundante 

 Después todos se reunían como congregación, donde el nuevo miembro ya participaba de todo el servicio.  

 6º y 7º Participaban del Pan y del Vino.  

 Pan (es el Cuerpo de Cristo) y significa la Palabra.  

 Vino (es la Sangre de Cristo) y significa el Gozo de la salvación. 

 

No había cultos o campañas evangelísticas. El evangelismo era personal, de boca en boca, en el hogar, en el taller, en los mercados, en las escuelas.

 

Después seguía el discipulado, también personal, bajo la supervisión y enseñanza del Anciano o Presbítero. Lo que más atraía a la gente, era el gozo y la firmeza de cada cristiano, su testimonio era básico. Y algunas veces los milagros.  

Los idiomas de la Biblia y la Iglesia 

 

Unos 400 años atrás, Alejandro Magno había conquistado todo el Medio Oriente, incluido Egipto, dejando el idioma griego en toda el área. El hebreo antiguo ya casi no se hablaba. Las Escrituras, o sea el Tanaj, nuestro Antiguo Testamento, estaban escritas en hebreo antiguo. Solo los sacerdotes y algunos estudiosos como el mismo Jesús, podían leerlo. El pueblo hablaba arameo, el idioma de los conquistadores anteriores, el Imperio Babilónico.  

Los griego-egipcios de Alejandría, en Egipto, tradujeron al griego el Antiguo Testamento, entre los años 285 a 246 antes de Cristo. A esta traducción se le conoce como la “versión de los 70” o “Septuaginta”, por los 70 traductores que en ella trabajaron, por orden de Tolomeo II, hijo de Tolomeo I, uno de los principales generales de Alejandro Magno.   

Así entonces tenemos tres lenguas en el mismo territorio:  

  1. El hebreo para la elite sacerdotal (como hoy el latín, casi abandonado). 

  2. El arameo para el pueblo (como decir el español, el común del pueblo).  

  3. El griego para las relaciones internacionales, la cultura y los negocios, (como hoy el inglés).  

Por ello Pablo escribió en griego para los gentiles internacionales y otras partes del Nuevo Testamento fueron escritas originalmente en arameo para los hebreos y samaritanos. En el Período Imperial entra el latín como cuarto idioma, para los romanos o latinos. 

En un principio, tanto el Antiguo Testamento como los Evangelios y las Epístolas, eran rollos individuales, escritos sobre papiro.

 

La primer Biblia compilada completamente se hizo en arameo, esta es, la Peshita, en el Siglo II. Y la primera traducción occidental, fue al latín, la Vulgata Latina, concluida en el año 382 por Jerónimo, doctor de la Iglesia.  

Las tres culturas

 

Aunque es Historia de la Iglesia, hemos citado con frecuencia partes de la historia de los judíos y del Imperio Romano. Esto es así porque La Iglesia tiene sus raíces en los judíos y caminaron juntos un tiempo, y los romanos, aunque enemigos de la Iglesia en su mayor parte, fueron el medio usado por Dios para la expansión del Evangelio. 

La Iglesia nació judía, entre los judíos, y a la vez, los judíos viven dentro del Imperio Romano, que a su vez, ha absorbido la cultura griega. El Imperio se ha extendido por las orillas de tres continentes, y así mismo, los judíos han formado comunidades importantes en diferentes ciudades.  

Los griegos, aunque en decadencia, han heredado su cultura y religión a Roma. Así, estos pueblos han contribuido a establecer la civilización más avanzada de una época que va del año 700 antes de Cristo, al 475 después de Cristo. Es la Cultura Grecorromana.

Y atrás de ellos, los evangelistas cristianos, usando las sinagogas judías al principio, y los caminos romanos y anfiteatros griegos para predicar el Evangelio. Esta situación no pudo ser más propicia. Dios preparó el mejor momento para el nacimiento y expansión de la Iglesia y el acercamiento del Reino de Dios. 

Los judíos y la Segunda Guerra contra los romanos.

 

 

Después de la Primera Guerra de los judíos contra Roma en el año 70, el país Judea y su capital Jerusalén quedan en ruinas. Hubo casi dos millones de muertos, miles de esclavos llevados a Roma, miles vendidos y miles mas en la Diáspora, tomaron rumbo hacia diferentes naciones. Sin embargo, al amanecer del segundo siglo, todavía existían judíos en Judea, aunque la mayoría estaba dispersa en las ciudades cercanas de Siria y otros países vecinos.  

 

60 años después de la caída de Jerusalén, en el año 131 gobernaba el emperador Adriano, quien gustaba de restaurar y construir edificios, y al ver a Jerusalén en ruinas, hizo planes para su restauración. Esto incluía un templo a Júpiter en el lugar donde estaba antes el Templo de Dios. 

Igual como en la primera, sorprendieron a los romanos y lograron éxitos iníciales, pero era también una guerra suicida, donde pudo más su fidelidad a lo sagrado que la prudencia. Fue la llamada rebelión de Simón, Bar Kojba el -hijo de la estrella-, entre los años 132 y 135. Citado a veces como un falso mesías. 

Después de aplastar la rebelión, con más de 800,000 muertos y millares esclavizados, para romper todo lazo de unidad e identidad de los conflictivos judíos, el emperador Adriano le cambió el nombre a Judea, llamándola “Palestina”. Y a la ciudad de Jerusalén, le llamó “Aelia Capitolina”. 

Palestina, tierra de filisteos, una parte pasó a ser Israel en 1948. Aelia Capitolina –Aelia por Adriano- y Capitolina en honor a Júpiter, quien ya tenía su templo en la colina Capitolina de Roma, se fundó sobre las ruinas de Jerusalén. Mas tarde recupera su nombre. 

Desarrollo del Credo de los Apóstoles

 

El Credo de los Apóstoles, aunque frecuentemente se asocia erróneamente con los apóstoles mismos, fue en realidad formulado a mediados del siglo II, alrededor del año 150. Esta creación no fue arbitraria, sino que surgió como una respuesta a las crecientes influencias de enseñanzas no ortodoxas, incluidas las del gnosticismo y del marcionismo, las cuales comenzaron a socavar la esencia de la doctrina cristiana.

Un Símbolo de Fe

Originariamente, el Credo tomó forma como una fórmula bautismal que se utilizaba en la iglesia primitiva. Este método de declaración de fe consistía en un conjunto de preguntas que cada candidato al bautismo debía responder afirmativamente, iniciando así sus vidas como creyentes. La pregunta central era: '¿Crees en Dios Padre Todopoderoso?', seguida por otras interrogantes que iban delineando los principios fundamentales de la fe cristiana. Este enfoque no solo era práctico, sino que también fomentaba un sentido de comunidad y compromiso entre los nuevos miembros de la iglesia.

Respuesta a Herejías

Ante la amenaza que representaban las ideas agnósticas y las enseñanzas de Marción, la iglesia vio la necesidad de aclarar y centrar su doctrina, así como reafirmar los elementos esenciales de la fe. En este contexto, el Credo comenzó a ser llamado 'símbolo de la fe', denotando su función como un reconocimiento claro y distintivo de la fe cristiana en contraposición a las creencias heréticas de la época.

Aunque más tarde surgieron historias que atribuían la composición del Credo a los mismos apóstoles, su desarrollo real se llevó a cabo en Roma, donde se consolidaron las creencias fundamentales y se establecieron las bases para lo que hoy conocemos como el Credo de los Apóstoles.

Importancia del Credo

El Credo de los Apóstoles ha mantenido su relevancia a lo largo de los siglos, sirviendo como una de las declaraciones más reconocibles de la fe cristiana. No solo actúa como un medio de unidad entre los creyentes, sino que también refuerza la esencia de la doctrina ante cualquier desafío o desviación.

 

Su uso en la liturgia y en el ritual del bautismo refuerza su papel esencial como guía y recordatorio de lo que conforma la creencia cristiana. Así, el Credo de los Apóstoles no es simplemente una tradición; es un testimonio viviente de la fe que ha perdurado a lo largo de la historia de la iglesia, conectando a los creyentes de ayer, hoy y mañana en una misma historia de redención y verdad.

Grecia y Roma

 

Al resultado de la unión de estos dos imperios se le llama “civilización Grecorromana”. El apogeo griego de Alejandro Magno fue alrededor del 330 antes de Cristo, pero al poco tiempo Roma empieza a tomar fuerza y conquista casi la totalidad de lo que fuera el Imperio Griego y más allá.  

Roma era la fuerza. Grecia la sabiduría. Con estas dos cualidades, sumadas a la experiencia de varios siglos, Roma crea un gran imperio y logro una unidad en todo el Mediterráneo como nunca se ha dado. Con Grecia como maestra, ha logrado asimilar formas de gobierno que serán modelo para el futuro. 

Una de las características que han sido fundamentales para lograr este éxito y unidad, es la política de fusión y semitolerancia en los aspectos religiosos, que a fin de cuentas es el principal factor de unidad en las sociedades. El imperio es duro, pero tolerante a la vez. Tiene sus dioses, pero los presta y toma prestados.  

Los romanos son expertos en el sincretismo, en unir y mezclar religiones. No solo han tomado la religión y dioses griegos, también de los etruscos, sus antecesores en Italia, de Egipto, de Creta y si faltar, de Babilonia, cuna de la civilización y de la religión. Dominan el arte de copiar, adaptar, combinar y mejorar.  

El inicio de este Período, el año 100, es también el parteaguas del ascenso de Roma, está en la cúspide de su grandeza, y empieza a declinar. Son ya varios siglos de prosperidad, la sociedad está desgastada. Es inmoral, perezosa y ventajosa. Los ciudadanos romanos tienen grandes privilegios, a costa del trabajo, el botín y los impuestos que aportan los pueblos sometidos, como lo fueron los judíos. 

El Remanente judío 

No todos los judíos en el mundo son “Remanente”. Se entiende por Remanente legítimo, al pueblo de Dios que donde quiera que esté, sigue siendo fiel. Dios siempre ha tenido remanentes fieles. En el caso de los judíos, se consideran así mismos un remanente los más ortodoxos, es decir, los mas tradicionales.  

Se clasifican fuera del remanente a los menos fieles. Ya vimos en el pasado a los Samaritanos, dejados atrás cuando la cautividad en Babilonia y así muchos más atraídos por la modernidad griega, romana y hasta nuestros días. Dejan sus tradiciones. Algunos apostatan de su fe. 

Los ortodoxos en el siglo II, en el tiempo de este Período, se reúnen los rabinos mas sabios para definir el Canon final de las Escrituras. El centro de su fe, a falta del Templo, son las Sagradas Escrituras que llevan siempre consigo. 

Relación entre la Iglesia y el Estado

 

La relación entre la iglesia y el estado en el contexto del Imperio Romano ha sido clave en el desarrollo del cristianismo. Desde sus inicios, la iglesia nació entre los judíos y se vio inmersa en un entorno romano que, a pesar de representar un desafío, funcionó como un medio para la expansión del evangelio. A medida que el cristianismo se fue consolidando, las dinámicas entre la fe y el poder estatal empezaron a cambiar significativamente.

 

Un Contexto de Persecución

Originalmente, los cristianos enfrentaron diversas persecuciones por parte de las autoridades romanas, que veían en ellos una amenaza a la unidad del Imperio. Estos primeros conflictos forjaron una lucha constante por la supervivencia, moldeando la identidad de la iglesia primitiva como una comunidad resiliente y decidida. Sin embargo, con la llegada de Constantino y la eventual 'Paz de la Iglesia', las circunstancias cambiaron drásticamente.

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